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todos estamos familiarizados con el principio filosófico de la navaja de Occam o principio de parsimonia. Menos conocido quizá es ese otro artilugio domestico, que los científicos empuñan en alguna ocasión, bautizado también en honor del ilustre filósofo franciscano: la escoba de Occam. Aunque hay otra corriente de pensamiento que prefiere llamarlo el cepillo de Brenner, pues fue el Premio Nobel de medicina Sydney Brenner quien acuñó el término.

Escoba o cepillo, la idea es que en tu carrera te enfrentas tarde o temprano con alguna inconsistencia teórica, contradicción que hay que ignorar y barrer bajo la alfombra, para procurar mantenerla estable mientas sea útil y sirva para seguir investigando. Pero como dijo el propio Brenner “no se puede ir escondiendo cosas bajo la alfombra, ¡especialmente si tu alfombra ya ha alcanzado una altura de tres metros!.”

A nivel popular hay una frase que refleja un concepto parecido: “la excepción confirma la regla”, aunque parte de una mala traducción y representa un error de lógica. El clásico enunciado “Todos los cuervos son negros” no se confirma al encontrar un cuervo blanco, al contrario, la excepción lo desafía, lo pone a prueba. Como veremos, esta frase poco rigurosa pero válida para el lenguaje coloquial, se usa en ocasiones en el ámbito académico.

Toda hipótesis científica debe ser falsable, es decir, se tiene que poder refutar al menos uno de sus enunciados mediante observación empírica. Si no es posible imaginar un caso que te contradiga, estas abandonando el ámbito de la ciencia para adentrarte en el dogma. Un solitario cuervo albino se puede considerar una anomalía. Si un modelo resulta útil para la mayoría de casos, esta justificado ignorar alguna extravagancia, con la esperanza de que en el futuro se encuentre una nueva regla que la explique, reforzando y ampliando tu teoría inicial. El verdadero problema surge cuando, a base de barrer pobres cuervos de plumas decoloradas bajo la alfombra, abulta tanto que no te puedes mantener en pie sobre ella, por mucho que te agarres firmemente a la escoba.

A nivel académico, toda creencia debe ser sometida a la duda metódica. Este espíritu crítico muy extendido en las ciencias “duras” o experimentales, parece, en ocasiones, que escasea en las humanidades, al menos a la hora de desafiar o criticar las teorías de “género” aceptadas mayoritariamente. Por supuesto hay excepciones honrosas como Christina Hoff Sommers o Janice Fiamengo, aunque desconozco si hay alguna en el departamento de historia, y ¡vaya!, espero que las excepciones acaben siendo tan abundantes que dejen la regla obsoleta.

Planteemos entonces lo siguiente ¿Se parecen las ideas sacadas de los “departamentos de  género” y los Ministerios de Igualdad, y   aceptadas   tanto académica como popularmente,  a teorías científicas  o a dogmas?.  ¿El concepto   “patriarcado”  o  es falsable?.  ¿Términos como “heteronormatividad holística” o “masculinidad hegemónica” pertenecen al ámbito académico o son puros desvaríos?.  ¿Son los historiadores y antropólogos, cuando se enfrentan a este tema, demasiado aficionados a usar la escoba?, ¿o se ajustan a la media de escobazos del científico serio?

A continuación, veremos algunos ejemplos de la escoba de Brenner aplicada a la historia y a la antropología. Tiremos de la manta, o en este caso, de la alfombra.

(Continuará….)

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